En los tiempos actuales, el impacto de los medios de comunicación en la política se ha incrementado, las imágenes y los espacios de reconocimiento social han permitido generar una relación entre la sociedad civil y lo público, entendido este último concepto, como el espacio de la ciudad donde los ciudadanos intercambian informaciones y opiniones sobre sus intereses y necesidades comunes; la circulación libre de estos discursos permiten que se reconozcan y acepten la diferencia y la diversidad, sobre la base que informar y ser informado es el insumo necesario para la participación en la toma de decisiones sobre las problemáticas de la colectividad.
Las imágenes que se divulgan frente a fenómenos reales transforma la percepción que los individuos tienen de la misma, con estos imaginarios se puede manipular y hacer creer lo que no es, o magnificar una situación; esto tiene que ver con la capacidad de visibilizar fenómenos sociales o grupos sociales afectados por programas o formas de interpretar lo público.
Los minorías, los indígenas, los discapacitados, los afro descendientes; entre otros grupos que se sienten excluidos y discriminados, tienen en los medios de comunicación una oportunidad de hacer presencia, de que se les escuchen sus ideas, de visibilizar sus propuestas sociales; aquí las redes sociales superan la forma tradicional de hacer política, pero existe el riesgo de que la información se manipule y en beneficio de la inmediatez y la velocidad se pierdan los espacios de reflexión y de crítica; desorientando al ciudadano. Los medios y las redes de información se han convertido en mediadores y constructores de imaginarios que necesitan de ciudadanos críticos que tengan la capacidad de discernir entre lo real y lo imaginario.
En síntesis se requieren cambios en la forma de interpretar la realidad, de usar los lenguajes, los medios para permitir una verdadera participación ciudadana en los fenómenos sociales de las comunidades.

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